Crece una nueva forma de consumir y ahorrar
Compartir gastos para viajar en auto, ofrecer un lugar en el living para albergar turistas o usar bicicletas cooperativamente (bicing) son parte de una tendencia en auge. El consumo colaborativo reduce costos y ayuda al medioambiente.
Vivimos una época en la que viajar hacia o dentro de la ciudad de Buenos Aires prueba la paciencia de hasta la persona más tranquila, sea por los paros de transporte o por los costos del auto. Por otro lado, los electródomesticos, la ropa y la comida van subiendo su costo y es complicado reponerlos. También es difícil encontrar a alguien de confianza que pasee nuestro perro mientras no estamos. Para todos estos casos -y varios otros- hay una solución que surge con más énfasis: es el denominado "Consumo colaborativo o cooperativo".
Este revolucionario modelo económico fomenta el consumo sostenible, el que promueve reciclar, volver a usar, reparar y redistribuir los objetos. Aquí, como consumidores es básica la confianza mutua, mientras que como productores, se debe ampliar la noción de eso que se llama "beneficios".
"Este movimiento se basa en prácticas que se han puesto en marcha desde hace años, como la idea de compartir. La diferencia es que las nuevas tecnologías han potenciado el alquiler o el préstamo entre los ciudadanos y que esta manera de proceder se está convirtiendo en toda una filosofía", destacó a La Prensa la socióloga Paula Romero. Un claro ejemplo es el éxito de iniciativas como el intercambiar ropa o medios de transporte como la bicicleta pública.
"Las crisis económicas modificaron la percepción sobre la manera en que podemos utilizar las cosas. La demanda creciente por ciertos elementos hizo que proliferen decenas de webs que ponen al servicio del consumidor compartir todo tipo de objetos: bolsos, ropa, herramientas, videojuegos, electrodomésticos, entre otros. También surge un estilo de vida colaborativo, en el que se comparten otro tipo de recursos como tiempo, comida, espacio o habilidades", resaltó la especialista.
VIAJES
Entre las formas más crecientes de consumo colectivo se encuentra el "Carpooling".
"Es una movida que hace rato funciona en el mundo y es una forma exitosa del consumo colectivo. Consiste en compartir los gastos del viaje en auto con personas que no se conocen entre sí pero que, por ejemplo, trabajan en un mismo barrio o van hacia un mismo destino", explicó a La Prensa Lucas Todres, un joven economista que junto con Eduardo Conte desarrollaron la plataforma digital de transporte compartido "www.encamello.com"", que cuenta con 2 mil usuarios y 800 viajes realizados.
Todres agregó que "en la Argentina lanzamos nuestro sitio hace 3 meses. Lo primero que desarrollamos fue implementar distintas medidas de seguridad para que las personas al anotarse puedan encontrar compañeros de viajes. Contactamos a varias empresas y universidades para que ofrecieran a sus empleados la posibilidad de compartir los gastos del viaje hacia Ciudad de Buenos Aires o hacia zonas de la provincia de Buenos Aires donde no hay un buen sistema de transporte público. Sólo comparten los gastos de la nafta y los peajes", explicó Todres.
Según un informe presentado este año por el gobierno de la Ciudad, cada día 1,3 millones de vehículos ingresan por sus accesos desde el Gran Buenos Aires. Del total de los vehículos del área central, el 62% son autos particulares, el 31% son taxis y solo el 7% son vehículos de transporte público de pasajeros. Sin embargo, ese 7% es el que transporta el 71% de los pasajeros que se desplazan a diario.
De esta forma, la iniciativa de compartir un vehículo permite que quienes deban viajar a la Ciudad de Buenos Aires puedan reducir sus costos sustancialmente, mejorando el tráfico y emitiendo menos cantidad de monóxido a la atmósfera. A modo de ejemplo, viajar de San Isidro o Quilmes a la Capital, hay 30 kilómetros. Esto implica 6 litros de combustible diarios, con un costo de $36, que sumado al peaje sube a un total de $50 pesos por viaje.
"Si voy sólo en el auto me costaría $1.000 por mes pero si fuéramos 4, cada uno pagaría sólo $ 250. Si esto lo proyectamos a un año, entonces compartir entre 4 genera un ahorro de $9.000. Con esto, te comprás un auto nuevo o te vas de vacaciones", enfatizó Todres.
SOFAS
El compartir no tan sólo se reduce a vehículos sino que también se pueden ofrecer objetos de la vida cotidiana que no se usen. Tal es el caso de www.couchsurfing.com, un portal europeo que permite a los viajeros buscar un sofá en el mundo donde dormir por una o varias noches.
"En la Argentina no hay un sitio de estas características por lo que me inscribí en este portal internacional para recibir a turistas extranjeros que quisieran dormir en casa", explicó a La Prensa Javiera Gallardo, quien junto a su pareja, Eduardo Garbarino, ya han hospedado a 20 personas en los últimos años.
Recibir a tantas personas trajo a la vida de estos dos argentinos un gran número de anécdotas, como un divorcio en el medio de su living o un encuentro romántico generado a partir de un chat.
"Un canadiense fue el primero en quedarse a dormir en mi sofá. Como era cocinero, y yo también lo soy, creí que íbamos a tener mucho para hablar pero terminó quedándose todo el tiempo en casa, no salía a conocer la ciudad y me terminé sintiendo usada", recordó Javiera. A partir de esta primera experiencia es que decidió poner ciertas reglas de convivencia a los futuros "surfistas" que durmieran en su sofá.
"Por suerte me tocó otras experiencias que fueron muy agradables. Hubo un adolescente de 17 años que viajó con su papá desde Holanda para conocer a una chica argentina que había conocido a través del chat. También recibí a un español que se integró rapidamente a mi familia y seguimos siendo amigos", enfatizó la joven cocinera.
"De las anécdotas que más nos llamaron la atención fue la de una pareja que se reencontró en nuestra casa. Lamentablemente terminaron separándose y tuvimos que darles ánimo", recordó.
Entre los puntos destacados por quienes usan u ofrecen este servicio, se encuentra el intercambio cultural y la posibilidad de hacerse de amigos en países que se podrán visitar en unas próximas vacaciones.
"La mayoría de las personas que recibimos cuentan con un buen pasar económico. Muchos cuentan con un libro guía pero se les escapan los detalles que le dan color a un viaje. Igual siempre les damos consejos de seguridad por que te sentís responsable por ellos y querés que no les pase nada", destacó Garbarino.
COMPARTIR
Disfrutar de una buena lectura, puede ser un hábito agradable. Pero si se busca darle un giro aún más interesante, entonces participar en una "Liberación de libros" puede ser la iniciativa de consumo colaborativo más adecuada para entretenerse leyendo algo que no se haya elegido.
Surgido a partir del sitio www.bookcrossing.com, la idea central de esta propuesta es dejar, o liberar, un libro en un espacio público. Antes de donarlo se deberá colocar una dedicatoria que indique que la edición forma parte del movimiento de liberación y que luego de ser leído deberá ser "liberado" en algún otro lugar. Además, se puede registrar en el sitio web donde fue dejado para rastrear su viaje por el mundo.
"Participé de mi primera liberación en la Ciudad por una iniciativa que se hizo en el colegio. Algunos escribieron en los márgenes ideas que surgen de lo que leiste y te da ganas de compartir tus pensamientos", explicó a La Prensa Carolina Biasotto, una joven universitaria que desde hace dos años participa en la liberación de libros.
Según datos de los organizadores de Bookcrossing, actualmente hay 1.055.429 "bookCrossers" y 9.073.677 libros viajando por 132 países. Para quienes quieran participar en esta iniciativa, el Movimiento Libro Libre en la Argentina organizará para el 24 de mayo una nueva liberación.
