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Economía
"La importación de energía tocó niveles insostenibles"
19.02.2012 | Daniel Montamat, ex secretario de Energía, cuestiona la falta de una política energética de largo plazo. YPF es un chivo expiatorio para ocultar los errores cometidos en el sector, según el especialista. Se consumieron las reservas de gas y hay escasa exploración petrolera. Es inconveniente renacionalizar la compañía, afirma.
Por Gustavo García

Detrás de la denuncia contra YPF por la venta de gasoil a granel con sobreprecios, de la exigencia para que multiplique la explotación de crudo y el rumor de renacionalización, asoma el plan maestro: recomponer la situación energética deficitaria y recortar las importaciones, que han ido limando el superávit comercial. Daniel Montamat, ex secretario de Energía de la Nación, descarta la idea, cuestiona la política energética del Gobierno y traza los principales ejes del conflicto energético.

-¿Sería sensato nacionalizar YPF?

-No he escuchado ningún proyecto estratégico donde se enmarque el tema. Son todos trascendidos. Creo que así como privatizamos la última parte del paquete de YPF, entregándoselo a los españoles por razones coyunturales, que era financiar los últimos tramos de la maltrecha convertibilidad, en esta circunstancia me parece que también por una cuestión coyuntural se ha hecho correr el rumor. Y esta cuestión es que el Gobierno necesita un chivo expiatorio de los problemas energéticos que están comenzando a aflorar. Sobre todo luego de que la propia Presidenta reconoció que las importaciones de energía han alcanzado niveles insostenibles.

-¿Es uno de los lastres de la balanza comercial?

-Ella habló de que en el 2011 las importaciones superaron los u$s 9.000 millones, pero se olvida que la balanza comercial energética fue deficitaria en casi u$s 4.000 millones. Veníamos de un 2010 donde la balanza comercial energética todavía era superavitaria en u$s 1.000 millones. Con lo cual empieza a preocupar la energía, comienza a reconocerse que hay un paciente energético. Hasta hace poco se decía que no había ningún problema, que era una cuestión agorera, que se transmitía mala onda. Así fue hasta las elecciones.

-¿Puede interpretarse esto como un primer paso para cambiar el rumbo de la política energética?

-Lo que ocurre es que en lugar de discutir el diagnóstico de este paciente energético para ver cuál es la terapéutica, lo que ha hecho el Gobierno es buscar un culpable de la enfermedad. Por eso han focalizado a YPF y viene el planteo de la renacionalización. Esto sin perjuicio de las responsabilidades que pueda tener la empresa.

-¿Las últimas obras inauguradas por el Gobierno significan un aporte de peso a la red nacional?

-En los 9 años de la administración kirchnerista algunas obras se han hecho, sobre todo en la parte de electricidad. Ellos han ido corriendo la realidad de estrechez terminando obras que había que terminar: Atucha II, la cota de Yacyretá, hicieron el plan Federal de transporte -el proyecto lo dejé terminado yo y consistía en articular la red de alta tensión-, y hay otros aportes. El gran déficit de esta gestión es que se comieron el stock de reservas de gas. Esto en un país donde el gas representa el 52% de la matriz energética.

SUBSIDIOS

-¿Quién es el responsable de este panorama crítico?

-¿Son las empresas que no invirtieron? No, creo que es la política energética que entrampó a un sector de capital intensivo en el corto plazo mediante la línea de precios discrecional. Congelaron el precio del gas, todavía lo está para el consumo residencial. Pagamos a las cuencas argentinas 2,70 dólares el millón de BTU, mientras que importamos de Bolivia a u$s 10,70, y por barco viene a un precio de entre 13 y 18 dólares.

-¿La importación fuerza la implementación del subsidio?

-La falta de estrategia produjo que decayera la producción, y se pasó a importar. Ahí vienen dos problemas: la importación egresa divisas, son dólares que se van; y el otro problema es que si no se quiere traspasar los precios al mercado interno, el Estado tiene que pagar la diferencia y ahí vienen los subsidios fiscales que crecieron exponencialmente. Todo este problema energético terminó pegando en las cuentas externas y en las cuentas públicas. Por eso se recortan ahora los subsidios.

-¿El Estado está asumiendo sus funciones al exigirle una mayor explotación a las petroleras?

-Las empresas no hacen altruismo, ninguna. Hacen gestión en función de las reglas que el Estado les fija. Si se las somete a un intervencionismo discrecional, las empresas van a hacer lo que han venido haciendo hasta ahora. Esto pasa en cualquier país del mundo. Cuando en estos sectores de capital intensivo se someten las reglas y los precios a muy corto plazo, las compañías sobreexplotan lo que está en producción y hacen una mínima inversión exploratoria. Es decir, ponen varias bombillas en el mismo mate y dejan de recargar el termo. Esto va a seguir pasando, aunque les pongan un revólver en la cabeza.

-Estratégicamente, ¿conviene tener una petrolera de bandera?

-Me parece que hoy tenemos otras prioridades. Una es cambiar la política energética, reinstitucionalizar el Estado. A lo mejor crear una agencia nacional de hidrocarburos como tiene Brasil, un organismo que coordine las relaciones provincia-Nación. Un plan exploratorio para el mar continental argentino, que está totalmente descuidado.

LAS PROVINCIAS

-¿Cuál es el rol de las provincias petroleras reunidas en la Ofephi?

-Las provincias petroleras son ahora las dueñas de los yacimientos y han ido haciendo camino al andar. No se puede generalizar, hay provincias que hicieron las cosas más seriamente que otras. Pero estuvieron entregando áreas para explorar, porque las concesiones las heredaron y a muchas de ellas las renovaron. Lo único de lo que son responsables es de haber entregado 170 áreas petroleras, de las cuales muchas cayeron en manos de especuladores. Estaba bien que vinieran nuevos actores, que se diversificara el parque, pero a condición de idoneidad, no que fueran amigos del poder.

-Todas estas provincias parecen tener como común denominador la merma en la producción de crudo.

-Las provincias por ley tienen la obligación de controlar que la explotación se haga de acuerdo a las reglas. Sino tienen mecanismos para cancelar esas concesiones. El rol de la Nación es fijar la política petrolera. Las retenciones, los congelamientos de precios y los subsidios son parte de la política nacional. Lo que las provincias han dicho tiene dos destinatarios: las petroleras, porque si cae el nivel de producción pueden bajar los ingresos y el nivel de empleo. El otro es el propio Gobierno nacional: le están diciendo que el poder concedente es de ellas ahora, y si hay intenciones de renacionalizar YPF, cuidado que las concesiones las vamos a programar nosotros. Se van a querer llevar una parte sin poner plata. Es uno de los problemas para avanzar en una estrategia de renacionalización.

-¿Sería viable una empresa nacional de petróleo?

-Hay ejemplos de empresas nacionales que funcionan, pero siempre está asociado a una política de Estado en el sector. El referente más claro es Petrobras. Si la hubieran atado a una política de corto plazo, no se hubiera desarrollado.

-¿Cuál es el peso de los yacimientos no convencionales? ¿Son una promesa a tener en cuenta?

-Es una promesa, es una frontera geológica nueva. Es también una frontera tecnológica ya probada en la Argentina. Hay que traer equipos, perforar, fracturar y hacer muchísima más inversión de la que estamos haciendo. Nuevamente: ¿Haría una inversión si no tiene reglas de largo plazo, si no hay certidumbre, si no se ve en un contexto estratégico? Pero desarrollar los recursos no convencionales lleva años. Y una vez que un país ingresó en una situación de déficit energético, cambiar la tendencia cuesta.

 

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