Lo que vendrá

CFK y un fin de fiesta

Los de todos modos avanzados proyectos de ajuste de Santa Cruz y de Río Negro, más el panorama de convulsión sindical de Córdoba y de varios distritos agregados, fueron presentados por no pocos analistas como "un fin de fiesta".

Es que CFK, tras el éxito abrumador de octubre, pareció tocar el cielo con las manos. Sin embargo, en `paralelo con la explicitación de un cuadro de salud inesperado, y muy probablemente aventado por la celeridad con que se encaró una solución quirúrgica, aparecieron luego los citados síntomas económicos y políticos (unidos al acoso molesto para el Tesoro del otrora festival de subsidios) que aparentan contrariar el clima previo de la buenas noticias que Ella supo forjar después de la muerte de su marido y jefe del proyecto K.

Los intelectuales de Carta Abierta acaban de ensayar, a modo de alto reflexivo en el camino, una suerte de caracterización del hecho electoral como un subproducto casi exclusivo de los afanes de profundización del modelo vigente, negando toda connotación de preponderancia de factores de tipo conservador, aún en lo presuntamente positivo del andar gubernamental.

¿Unicamente 'nunca menos' o búsqueda de la casi perpetuidad de los horizontes favorables? Un poco de cada cosa. Pero, ¿es ello mecánicamente posible siompre? Veamos.

Es indesmenteible que la metabolización de la derrota en las elecciones de medio término del año 2009 llevó al oficialismo a combinar el fervor legisferante a cualquier costo -con proyectos en algunos casos logrados en buena ley, pero también otros obtenidos con objetivas malas artes desde el punto de vista del respeto por las instituciones- con un uso inusitado y a veces demagógico de los recursos del Estado. ¿Qué otra cosa, a modo de simple ejemplo, fue la estatización del dinero de los jubilados para el aliento crediticio de emprendimientos operados por empresas multinacionales, o caracterizables como "amigas"?

A las provincias, ahora, se las premiaría -según hagan sus deberes respecto del poder central- con refinanciaciones 'salvadoras' que en modo alguno podrán concebirse como genuinamente liberadoras del cordón umbilical de Olivos. ¿Les alcanzaría el rollo para evitar el escozor del mal humos social de las vacas flacas, tal se insinúa en las presentes circunstancias ya apuntadas?

En la emblemática Santa Cruz -una provincia que no ha podido poner en movimiento todo lo derivado del enorme potencial hidrocarburífero para sostener su administración local- están que arden los gremios estatales, municipales, de la salud, de la justicia y aún del ámbito del petróleo y del gas.

El gobernador Peralta -poco querido por Cristina, según dicen muchos, al igual que en el caso del de todas formas trágicamente desaparecido titular del ejecutivo rionegrino- articuló un ajuste por un supuesto estado de necesidad, con el aval -sostiene- de quienes luego lo crucificaron blandiendo su lealtad respecto de la Csa Rosada. Los jóvenes de La Cámpora -de ellos se trata- ¿actuaron sólo 'per se', o recibieron órdenes más o menos lejanas?

El interrogante no es ocioso. El ascendente grupo juvenil, convertido fácticamente en principalísima espada del cristinismo, ¿no tiene al menos la cercanía de un as de bastos en otros distritos de mayor peso específico como sería, por ejemplo, el de la provincia que comanda el 'leal a prueba de balas' Daniel Scioli respecto del proyecto iniciado el 25 de mayo del año 2003?

Aceptar la fantasía de una suerte de prueba de mecanismo antisciolista proveniente de los círculos más afines al comando patagónico sería algo equivalente a una descripción de presunto autodaño para Cristina. ¿O los hipotéticos terremotos en el primer estado argentino podrían desafiar las teorías de la física y su aplicación a las ciencias geológicas que hablan de efectos radiales no evitables? Boudou, se cree, no jugaría a eso. ¿Por qué atribuírselo a CFK?