Malhumor e inestabilidad por doquier
Para los países como la Argentina, 2011 fue un año excelente. Pero en el mundo desarrollado, el desempleo escaló a máximos históricos y la solvencia pública fue puesta en tela de juicio. Bernanke fue más eficaz que la CIA y el Pentágono para derribar régimenes en el mundo árabe. Guillermo Moreno, otro gran ganador.
Un hilo dorado enlaza buena parte de los hitos de 2011. Desde la defenestración de Silvio Berlusconi (12/11) hasta el final oprobioso de los regímenes de Hosni Mubarak (11/02) y Moamar Kadafi (21/08); desde el ascenso de Alemania como único país europeo que toma las decisiones hasta el triunfo rotundo de Cristina Fernandez en los comicios del 23 de octubre.
El factor común es la Gran Turbulencia Global, la que -por comodidad intelectual- se considera que estalló un día aciago de 2008 cuando declara su bancarrota Lehman Brothers, esa venerable institución financiera de Nueva York que había logrado resistir la Guerra Civil estadounidense y dos conflagraciones mundiales. Un banco "demasiado grande para quebrar". Pero quebró y el mundo ya no es el mismo.
De aquellos lodos éstas lluvias. Como un meteorito colosal que se hubiera hundido en el océano, el colapso financiero del Occidente rico y las medidas subsecuentes que aplicaron los gobiernos para evitar una Depresión con toda la regla despidieron ondas con la potencia de un tsunami. Para algunos países fue la condenación, para otros un poderosísimo viento a favor.
EL LENIN DE LA FED
El año que en la humanidad cruzo el umbral de los siete mil millones de habitantes, murió el gran Steve Jobs, y una mujer llegó por primera vez al timón del FMI, se plasmó en todo el planeta la Revolución Bernanke: inflación y burbujas especulativas para todos. Aunque Estados Unidos y Europa llevan más de dos años de un despalancamiento épico, el resto del planeta siguió acumulado deuda (en la Argentina los créditos al sector privado en pesos aumentaron un espectacular 50% anual).
La depreciación del dólar (que ha comenzado a revertirse en los últimos meses de 2011), así como el espectacular crecimiento de la demanda desde Asia y la rapiña de los fondos especulativos, mantuvo por las nubes los precios de los commodities. Esta tendencia fue excelente para países como la Argentina, pero hizo trastabillar a regímenes metaestables como las dictaduras del mundo árabe, grandes importadores de granos y aceite.
"Atribuir la Primavera Arabe a la pérdida de seguridad alimentaria es como explicar la Revolución Francesa por las malas cosechas de la segunda mitad del siglo XVII, pero sin duda la inflación gatilló las protestas y desató un espiral de consecuencias inesperadas", escribió Ambrose Evan-Pritchard en The Daily Telegraph. ¡Qué notable!
El presidente de la Reserva Federal fue infinitamente más eficaz para derrocar a Kadafi que la CIA. Después de la caída de varios paleo-déspotas del mundo árabe, patrocinados por Washington -como Hosni Mubarak en Egipto o Alí Saléh en Yemen- la salida de las tropas de Estados Unidos en Irak fue percibida también como una señal de la decreciente influencia del poder occidental en una región clave que había dominado por alrededor de 200 años.
SIGUE EL EURO
El segundo gran asunto de política internacional de 2011 fue la megacrisis en la eurozona. La bancarrota soberana de países grandes como España e Italia asomó como posibilidad cierta, tras los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, a un pasito del default. En todos lados del Viejo Continente se desguaza el Welfare State, hoy, más que una conquista histórica, un lujo insostenible para naciones de moneda fuerte, alta deuda y baja productividad, el mismo drama que la Argentina 2001. Los mercados financieros -con la prima de riesgo como ariete- han forzado la caída de gobiernos democráticamente electos, como el de Silvio Berlusconi o Yorgos Papandreu.
En España, donde el desempleo llegó al récord del 21,5%, el Partido Socialista Obrero Español fue barrido del poder a golpe de urna. ¿Será Mariano Rajoy el hombre providencial para salvar a la Madre Patria de sus propios excesos? La solvencia de Francia y Bélgica también quedó en entredicho. El continente entero parece estar moviéndose hacia la idea de que será imprescindible extender la edad jubilatoria hasta los 70 años.
Tres hipótesis básicas se barajaron para afrontar la crisis soberanas. Primero, la salida de Grecia y algún otro país periférico de la moneda común. Segundo, una colosal expansión monetaria (la receta norteamericana) vía Banco Central Europeo. Tercero, la unión fiscal. Los alemanes, que nunca olvidaron que la irresponsable emisión monetaria de la República del Weimar pavimentó el ascenso de Hitler al poder, impusieron la tercera opción en la crucial cumbre de octubre. El Reino Unido, como es costumbre, le dio la espalda a este programa de austeridad calvinista y pérdida de soberanía presupuestaria.
¿Servirá para salir del paso? Nadie puede asegurarlo. Lo cierto es que la eurozona comienza 2012 al borde de la recesión y con tasas de desocupación en máximos desde hace décadas. Hasta las calificadoras de riesgo -cuyos ukases sólo sirven para agravar las cosas- reclaman ahora alguna medida keynesiana para estimular el crecimiento. El problema es que los gobiernos de Europa y Estados Unidos tienen pocas municiones en la faltriquera tras el astronómico rescate de los bancos.
Como el futuro del euro está en duda y se espera que China aterrice suavemente, por estos días se vuelve a ver al dólar como un refugio seguro. El oro llegó al valor histórico de 1.923 dólares la onza en septiembre pero hoy languidece en torno a los 1.600. El movimiento llevó a algunos analistas a preguntarse si la tendencia alcista del noble metal, que lleva una década, no está llegando a su fin.
La energía nuclear, que había sido reivindicada los últimos años por la escalada de los precios de los hidrocarburos, recibió un golpe demoledor a su popularidad con el sismo y posterior tsunami del 11 de marzo en Japón que provocó unos 20 mil muertos. La fuga radiactiva en Fukushima -cuyos efectos delétereos aun es muy temprano para justipreciar- avivó temores; la opinión pública volvió a sentir que estar sentado sobre un barril de plutonio es peligrosísimo. Alemania, meses después, anunció que desmantelará progresivamente todos sus reactores nucleares.
UN AÑO PARA RECORDAR
La Argentina tuvo un año espectacular. En los primeros diez meses, último dato disponible, el PBI se expandió a tasas chinas: 9,3%. Se vendieron más de 800.000 automóviles, record histórico (pero el consumo de carne per cápita cayó a su nivel más bajo desde 1920).
La inflación, bien medida, estuvo entre el 20 y el 25%, factor que erosionó el progreso social en aquellos segmentos de la población no sindicalizados, que no son pocos: la economía en negro continua en torno al 33%. El salario del sector formal le ganó, en promedio, a la inflación, ése fue uno de los motores del crecimiento. La demanda de Brasil y China, el aumento del gasto público (sobre todo de los subsidios a la energía y el transporte) y la abundancia de créditos para el consumo fueron los otros.
¿Hace falta recordarlo? 2011 fue un año electoral, los argentinos vivimos en el país de las maravillas. Hoy, corrida contra el peso mediante, tenemos la sensación de que la fiesta ha terminado. Todo indica que en los próximos meses habrá que ser más prudentes con los gastos pues los costos fijos de cada familia serán más elevados y difícilmente los sueldos aumenten en la misma proporción. Pero sin tremendismos, la economía argentina crecerá en 2012 un 4%, pronosticó los últimos días un informe que Goldman Sachs divulgó entre cientos de inversores de todo el mundo. No es poco, mirando el desolador escenario del Primer Mundo.
Otra noticia importante del año que se va es el hecho de que el ministro de Economía saltó a la vicepresidencia. Sucedió a Amado Boudou, uno de sus lugartenientes, Hernán Lorenzino (39 años), el hombre ideal para lo que se ha convertido el Palacio de Hacienda durante la administración kirchnerista: una secretaría de Finanzas ampliada. Las decisiones económicas más importantes se toman en otro lado, pero a Lorenzino le cabe la responsabilidad del manejo del pasivo público, lo que implica una negociación amable con el Club de París y, quizás, alguna colocación de deuda.
El dato más relevante de la minirreorganización de gabinete que trajo aparejada la reelección de Cristina es la consolidación de Guillermo Moreno, como hombre fuerte de la administración. Tiene ahora el control de todo el comercio nacional, tanto interno como exterior, lo que hace presumir que se consolidará una tendencia de 2011: mayor control sobre el sector empresario con el fin de mantener a raya el costo de vida, el tipo de cambio y las importaciones. ¿Consecuencias? Roces con los socios comerciales (este año Brasil frenó el ingreso de autos argentinos como represalia), complicaciones para el comprador de dólares, ultraproteccionismo para sostener la reindustrialización argentina. Más de un millón de libros se acumularon en la Aduana los últimos meses esperando una graciosa concesión gubernamental para su ingreso.
A pesar del tufo a arbitrariedad, el estatismo argentino -hay que reconocerlo- no es anacrónico. El encanto con el sector privado se ha esfumado en todos lados. En los países desarrollados, miles de jóvenes indignados se vuelcan a las calles de las grandes ciudades a protestar contra el laissez faire. El espíritu de los noventa sólo resiste en instituciones de dudosa utilidad para la gente común como el Fondo Monetario Internacional o las calificadoras de riesgo. Cundieron en 2011 la inestabilidad y descontento en más de medio planeta y hay indicios de que nada cambiará en los próximos doce meses. La buena nueva es que los mercados ya parecen haber absorbido las pérdidas (el Merval se desplomó este año más del 30%); y la soja seguramente no volverá a los 120 dólares la tonelada de la desgraciada gestión De la Rúa. Mientras dure el viento de cola...
