Suma de aniversarios
Oscar Niemeyer, el patriarca que nunca deja de trabajar. La máxima figura de la arquitectura brasileña celebró ciento cuatro años rodeado de amigos y proyectos, justo cuando Brasilia -su obra mayor, a la que sigue aportando edificios-, cumplía su primer medio siglo de existencia.
Oscar Niemeyer acaba de cumplir ciento cuatro años con el sabor amargo que le dejó el cierre de su proyecto "más querido", el Centro Cultural Niemeyer, en la ciudad española de Avilés.
El "cierre provisional" del Centro Niemeyer fue un "regalo envenenado" para el arquitecto, quien lo consideraba como "uno de los ejemplos recientes más expresivos" de su defensa de "una arquitectura más libre".
Pero no todo fue tristeza en el cumpleaños de Niemeyer, quien, como siempre, planeó celebrar la fecha reuniendo a un pequeño grupo amigos en su departamento-estudio ubicado en un edificio sobre la playa de Copacabana, en Río de Janeiro.
LO MAS NUEVO
Uno de sus proyectos más recientes, el de la nueva sede del Tribunal Superior Electoral (TSE), fue inaugurado recién en Brasilia, donde todos los principales edificios públicos han sido proyectados por Niemeyer, cuyo talento logró superar los resquemores del poder por su fiel adhesión al comunismo.
A los ciento cuatro años, el arquitecto no descansa y dedica sus tardes a elaborar nuevos proyectos, entre ellos el de un teatro con capacidad para dos mil quinientas personas en el parque de Flamengo, cerca del cerro Pan de Azúcar, que es hoy el encargo que más le ilusiona.
"Se me ocurrió una solución capaz de provocar sorpresa y atraer al público: una cúpula magnífica que sería construida (...) delante del Pan de Azúcar", escribió recientemente el "poeta del hormigón armado".
Además, sigue las obras de culminación de otro proyecto suyo, el de la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana (Unila), que está siendo levantada en la ciudad de Foz do Iguazú, en la Triple Frontera entre Brasil, la Argentina y Paraguay.
"Será un espacio donde alumnos y profesores de distintas nacionalidades podrán realizar intercambios sociales significativos", expresó.
"Niemeyer odia el capitalismo y el ángulo recto. Contra el capitalismo, no es mucho lo que puede hacer. Pero contra el ángulo recto, opresor del espacio, triunfa su arquitectura libre y sensual y leve como las nubes", escribió una vez el escritor uruguayo Eduardo Galeano.
LAZO AMISTOSO
Nacido el 15 de diciembre de 1907 en el seno de una familia de clase media de Río de Janeiro, Niemeyer se graduó como arquitecto en 1934 por la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río. Luego se ofreció para trabajar gratis para la oficina de Lucio Costa y Carlos Leao, seguidores en Brasil de los conceptos modernistas de Le Corbusier.
Su carrera logró un fuerte impulso a partir de 1940, cuando conoció y se hizo amigo del entonces alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek, quien le encargó la obra de reforma del barrio Pampulha.
Ese proyecto fue el trampolín para que, tres lustros más tarde, al se elegido presidente de Brasil, Kubitschek lo invitara a formar parte del equipo encargado de proyectar Brasilia, cuyas líneas curvas encantaron al mundo y convirtieron a Niemeyer en un nombre internacionalmente respetado.
Ahora Brasilia ha cumplido cincuenta años y su hacedor sigue trabajando en esa ciudad que surgió de la nada para convertirse en la capital de uno de los países más poderosos del mundo.
