Lo que vendrá

Ideología e ingenuidad

La voz de Néstor Kirchner, sin ser por sí misma productora de una elevada potencia medida en decibeles, incide fuertemente en no pocos debates que se desarrollan en la escena política de hoy. Vale la pena desentrañar las causas de los efectos que provocan sus dichos lanzados bajo formas que configuran algo así como “la negación de la buena oratoria”. Y aunque genere rechazos de signo muy variado también es verdad que suele condicionar discursos ajenos.

Hace pocos días, por ejemplo, fustigó duramente a los hombres y mujeres del espacio de centroizquierda por no advertir –dijo- que al atacar al gobierno son “funcionales a la derecha”. Para él, “los únicos progresistas” son aquéllos que acompañan en todo al kirchnerismo. ¿Dardo para Solanas, para Ricardo Alfonsín y también para buena parte de la dirigencia del partido socialista? Seguro que sí.

¿Y entonces, cual es la razón por la cual en varias ocasiones, merced a sus votos en el Congreso, o bien a través de declaraciones públicas, los destinatarios de esos dardos acompañan o han acompañado al oficialismo? Veamos.

Al respecto, resulta interesante transcribir algunas opiniones del filósofo Tomás Abraham, uno de los pensadores de cuño reconocidamente progresista y a la vez ardoroso defensor de una eventual candidatura presidencial del gobernador Hermes Binner, sin pertenecer a la dirigencia del PS.

 

“Cierto progresismo, dijo, tiene una idea del Estado como si fuera un ángel con un arpa. Entonces les dicen: a Aerolíneas hay que sacarla de la esfera privada y pasarla a la estatal. Y lo mismo con las AFJP. O que Estévez Boero también pensó en una ley de radiodifusión. Todo forma parte de la idiosincrasia socialista. Y le están entregando los dineros del pueblo a un gobierno de cajas reservadas y que no rinde cuentas de lo que hace. ¿Qué están socializando? No, están privatizando. Porque la privatización no es únicamente hacer privado un servicio público sino también apropiadamente de los dineros públicos”. Y añadió: “Si veo un gobierno que se da un beso con Evo Morales y, al mismo tiempo, desaparecen 1000 millones de dólares de Santa Cruz, se trata de una estafa ideológica”. Sobre Clarín sostuvo que no es ni fue monopolio y sí que puede afirmarse que tuvo un peso excesivo. “Sí, remató, gracias a Kirchner”.

Las expresiones que se comentan se conocieron a través de la edición dominical de La Nación, del 18 de octubre de 2009. Por entonces, ya se había concretado la llamada ley de medios audiovisuales y aunque la ofensiva por los “relatos periodísticos” ya se había iniciado, el tema Papel Prensa no se había siquiera esbozado en los términos recientes.

A diez meses de ese reportaje, el proyecto K sobre una buscada declaración de interés público para la producción de papel para diarios, vuelve, como mínimo, a generar dudas en algunos sectores de la dirigencia que dice asumir enfáticas posturas contrarias al gobierno. ¿O no es verdad que Ricardo Alfonsín, Hermes Binner, Solanas y varios más parecen adherir en esto a la idea del Estado angélico? ¿Ingenuidad?

El líder patagónico cree que, si los zamarrease con el sonsonete del funcionalismo derechoso, sus enormes dificultades (las propias), podrían atenuarse, y mucho.

Por nuestra parte, creemos que lo peor que puede sucederle al santacruceño es la explicitación del registro colectivo de aquello que emerge de sus propias palabras del año 2003: “júzguenme por mis hechos, no por mis dichos”. ¿O los embates que, con diversos grados de virulencia, ya sufrieron Macri, Duhalde, Reutemann y Solanas, podrían cesar en vez de acrecentarse? Artemio López, un ‘amigo K’, describe últimamente un Kirchner amigable “para casi todos, menos para Magnetto”. Hasta aquí, un cambio invisible.