La búsqueda del sentido ajeno

El escritor Fabián Casas estrena un libro que reúne toda su obra poética. La publicación, bajo el sello de la editorial Emecé-Cruz del Sur, hace un recorrido por las historias escritas por el poeta a lo largo de toda su vida. Las mismas muestran la metamorfosis que él fue sufriendo en su literatura.

"Horla City y otros", un volumen que reúne toda la obra poética de Fabián Casas e incluye textos inéditos, funciona como evidencia del "affair" que este escritor mantiene con la literatura hace más de dos décadas y que tiene que ver con pensar los libros en términos vitales y no en términos literarios.

La publicación de Emecé-Cruz del Sur comienza con el poemario punk adolescente "Tuca" (1988-1990), que se depura en "El Salmón" (1990-1996) con una nueva carga filosófica, y sigue con "Oda" (1996-2000), un largo texto de agradecimiento al retorno a la poesía después de un paseo por el lado oscuro.

Esos poemas continúan creciendo en "El spleen de Boedo" (2000-2003) y "Horla City y otros" (2003-2010), y cierran con "La voz Extraña", que se lee como la reflexión de un escritor maduro sobre el oficio o un punteado, a grandes rasgos, de una filosofía personal para encarar la existencia.

"La literatura es una construcción colectiva y no individual, sirve para cambiar el mundo, cambiar la vida y la realidad, es algo vital", afirma Casas.

Y pone de ejemplo a "Tuca", el poemario que escribió a los veintitrés años, una época que estaba enamorado de sus amigos, asegura: "pasábamos todo el día juntos escribiendo, tomando vino patero, leyendo poesía, rock, era hermoso".

EN BUSCA DEL YO

Los poemas "son una irrupción emotiva -reconoce- pero tenés que dejarlos un tiempo y después trabajarlos como una máquina, si no, no funciona", y mientras habla señala "Paso a nivel en Chacarita", una de las poesías que componen el libro.

Eran casi diez páginas y quedaron nueve líneas, "todas las parrafadas" sobre la muerte de su madre -como él lo define- se tradujeron en una imagen, una instantánea de unos chicos achatando monedas sobre los rieles del Mitre.

"Ahí hay una especie de crecimiento personal, poder decir que lo que empezaste a querer escribir es lo que no se va a escribir. Es difícil dejar eso de lado cuando y si uno es más inmaduro lo pone igual", afirma, de hecho "Tuca" originalmente estaba compuesto por ochenta poemas de hasta dieciséis versiones algunos.

Ese principio, "tuvo que ver con encontrar una voz a la cual afanarle para construir la propia"", en su caso fue Joaquín Giannuzzi, con "Señales de una causa personal", el que le ""rompió la cabeza -recuerda- cuando terminé de leerlo yo era otra persona".

"El salmón" lo escribió a la par de la novela "Ocio", sesenta páginas que le llevaron cuatro años de construcción -las mostraba, las dejaba en un cajón, las olvidaba y así las completó- y "como el viaje del salmón", al poemario lo armó cuando regresó "a su lugar de origen", la casa de su padre.

A diferencia del anterior, ahí comienza a "meterle filosofía" a su poesía y en esas líneas aparecen Hegel, Schopenhauer: "todos mis intereses filosóficos -asegura- son tema del poema".

"Oda" vino después de una gran depresión. "A los 30 cuando entré en crisis con todo lo que estaba haciendo y esas páginas son exactamente un agradecimiento porque volví", asegura.

UN RETORNO AIROSO

Casas volvió de la mano de un maestro oscuro, "El Horla" de Guy de Maupassant, durante todo un año sólo leía porque "había dejado de escuchar la musiquita", relata, hasta que ese ser que se mete en la piel del narrador e intenta destruirlo lo devolvió exactamente a la otra orilla y escribiendo en inglés.

"Voy a penales y pateo mal pensaba, venían noches muy largas un amigo me acercó el libro que me mostrara el lado de las sombras, para mí funcionó", resume.

"Todos los libros tienen una repetición", asegura Casas y en "El spleen de Boedo" retoma la temática del duelo que abrió doce años atrás, antes con la pérdida de su madre y ahora con la muerte de la juventud y otros de sus seres queridos; mientras que en "Horla city" vuelve "la ciudad drogada, sitiada y alienada, enferma".

En ese ejercicio de escribir "tenés que buscar la voz extraña, para no ser de gatillo fácil, prefiero poner las cosas en estado de incertidumbre, así el lector puede encontrar sus cosas a partir de eso, tiene que ver con una ética del lector y yo soy más lector que escritor", dispara.

Sus poemas revelan una percepción de la otredad a veces confusa -"cuando a una persona ultra íntima de repente la sentís como a un extraño", grafica- y eso tiene su paralelo con la forma de escribir, concede Casas.
Para él, para quien literatura y vida forman la misma trama, "es un poco como la búsqueda de la voz extraña, la voz que no me pertenece, la que no dice siempre lo que quiero decir sino algo que no sé qué es".