En las buenas y en las malas
Con el futbolista más popular de la historia, Alfredo Cahe guarda una relación especial: desde hace 33 años lo acompaña como su médico de cabecera. Así describe Cahe cómo fue el camino, a lo largo de estos años, al lado de Diego Armando Maradona.
-¿Cómo es su relación con los medios?
-He conocido tanta gente... Primero hay que respetarlos, aunque a veces tengan cierta imprudencia en la forma, pero es que necesitan la nota y necesitan la espectacularidad porque si no, no pueden volver al canal o a la radio, entonces hay que escucharlos; si son jóvenes, hay que ayudarlos. Hay mucha gente distinguida -actores, políticos, cantantes- que tiene una enfermedad que llamo de "la importancia". Muchos se creen importantes. En cambio, el grande grande, no tiene esta enfermedad. Lo mismo con los médicos famosos, que se creen importantes. Y de pronto te hacen esperar una hora, o te tratan mal, entonces hay que respetar a los periodistas. A esta altura de mi vida, que se va encaminando más allá de los 65 años, creo que gracias a los medios periodísticos nos hemos enterado de muchas cosas que antes no percibíamos.
-¿Y qué opina de las tergiversaciones o las noticias infundadas, como sucedió por ejemplo cuando se decía que Maradona había muerto?
-Maradona es un caso especial. A Maradona no lo podés encasillar en ningún lado, porque es un genio que sabe hablar idiomas, que tiene una intuición especial, que Dios le dio una inteligencia poco común, que luchó siempre contra su adicción -aunque al principio no pudo- y que en los argentinos genera odio y amor. Realmente lo de Maradona desborda. Mi relación con Maradona empezó cuando él tenía 16 años y ya a los 22 años desbordaba todo. Por supuesto que pasamos muchos momentos estupendos con Diego, porque al principio era un chico saludable. Después vino toda esta historia, sobre todo cuando dejó el fútbol. El tiene una personalidad magnética, atrae amores y atrae odios.
-¿Qué siente al advertir que la vida de una persona tan querida por millones de personas en el país y en el mundo está, de alguna manera, en sus manos?
-Al principio tenía temores. Me preguntaba si me habría equivocado, si habría medicado mal. Lo llamaba en reiteradas ocasiones. Recién ahora creo que estoy entrando en la madurez de mi carrera y manejo la situación con más experiencia. Aprendí a no tener temores, pero aprendí a evitar equivocarme. Aprendí esto porque uno no está ni con libros, ni con tornillos, ni con herramientas, está con el alma humana. Aprendí a mirar a los pacientes -sean famosos o no- como si yo estuviera en el lugar de ellos.