¿Más presión impositiva?

Los cambios en el régimen del monotributo suponen otro duro golpe a la clase media. Mientras tanto, el Gobierno fuerza una distribución del ingreso que, nos recuerda la Iglesia, fomenta la vagancia.

El Gobierno ha anunciado su decisión de aumentar la presión impositiva en 2004. La eliminación de la categoría de responsable no inscripto supone, por ejemplo, otro duro golpe para los profesionales con exiguos ingresos. Después de haber soportado como todos los argentinos la peor crisis económica de los últimos 100 años (Lavagna dixit), ahora los monotributistas se verían intimados a abonar el IVA retroactivo a cinco años, otro disparate jurídico. Como si fuera poco, también se buscaría un aumento en los aportes mensuales, lo cual -nada cuesta imaginarlo- redundará en mayor evasión. Más de un funcionario se ha rasgado las vestiduras por la pauperización de la clase media durante la última década. Pero, en rigor, aún carecemos de una política fiscal que -más allá de la emergencia del momento- apunte a fortalecer esa columna vertebral de la Argentina, cuya existencia determinó que nuestro país haya gozado durante todo el siglo XX de la mejor calidad de vida en América latina. El fisco demanda más fondos de los bolsillos de la gente. Hay compromisos que cumplir con los organismos internacionales y en algún momento, nos guste o no, habrá que empezar a pagar algo de la deuda pública en default. El Ministerio de Economía además cultiva lo que los técnicos llaman la estrategia del acelerador: se busca acelerar la recuperación con más gasto público, financiando consumo o estimulando inversiones. La idea es gastar todo el superávit fiscal para crear un círculo virtuoso. En ningún momento se plantea la necesidad de bajar los impuestos, inclusive los más distorsivos, como el que grava los cheques y otras operaciones financieras, o las retenciones a las exportaciones. Antes bien, se prefiere exigir un mayor esfuerzo a la actividad privada, aunque se ponga en riesgo la rentabilidad de ciertos renglones de la producción. Al mismo tiempo, se está forzando una redistribución del ingreso que premia a quienes creen que ser un ciudadano implica tener derecho a todo sin obligación de nada. "La asistencia social sin una contraprestación fomenta la vagancia", resaltó la semana pasada monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro. El Presidente aseguró que comparte plenamente esa opinión iluminadora. "Hasta aquí, el peor enemigo de la riqueza del país ha sido la riqueza del fisco." Lo escribió Juan Bautista Alberdi y nada ha cambiado.