Espectáculos
SU ULTIMA OPERA, "GUILLERMO TELL", FUE REPUESTA EN EL TEATRO AVENIDA
Una noble versión de Rossini
Ficha técnica: "Guillermo Tell", ópera en cuatro actos. Libreto: De Jouy y Bis, basado en el drama de Schiller. Música: Gioacchino Rossini. Director: Giorgio Paganini. Director del coro: Juan Casasbellas. Puesta escénica: Eduardo Casullo. Vestuario: Mariela Daga. Coreografía: Luciana Prato. Cantantes: Leonardo López Linares, Adelaida Negri, Eduardo Ayas, Alejandro Schijman, Víctor Castells, Silvia Gatti, Alicia Alduncin, Carlos Natale y otros. Orquesta y coro de la Casa de la Opera de Buenos Aires. En el teatro Avenida.
Cuando el genial Gioacchino Rossini ya estaba instalado en su radiante labor en París, donde se radicó para proseguir su exitosa carrera y a la vez convertirse en empresario teatral, decide acometer un estreno ambicioso, el de "Guillermo Tell", basado en el célebre drama del poeta suizo Friedrich Schiller.
De esta manera logra cerrar una carrera rutilante donde la ópera "buffa" de la cual era un auténtico maestro y portavoz y que significó el lanzamiento de su nombre a la fama -con su autentico "capolavoro" "Il barbiere di Siviglia", "La Cenerentola" y otras- es reemplazada por una gigantesca producción de carácter serio.
"Guillermo Tell", su trigésimo octavo estreno y último en materia operística, habría de quedar como un auténtico mensaje de "grand-opera" cuando su exitoso estreno en la Opera de París el 3 de agosto de 1829, en versión francesa. Con posterioridad, la adaptación italiana cobró difusión, a la vez que, por la gran extensión de la partitura, fue sometida a cortes de ciertos pasajes.
FAMOSA OBERTURA
Se conservó naturalmente la famosa y brillante obertura (una pieza rossiniana de envergadura orquestal), las arias y concertantes, y el sentido dramático que impera en esta emblemática ópera romántica del género serio.
Antes de los cuarenta años, ya que vivió hasta los setenta y seis, el Cisne de Pesaro se retiraba del género que le dio fama y fortuna, y no habría de componer más que temas de música religiosa hacia el final de su vida.
Ahora bien, el espectáculo ofrecido no se amilanó ante la realidad que implica acometer la reposición de "Guillermo Tell": una siempre difícil empresa. Desde hace casi cuarenta años no se la tenía en cartelera en nuestra ciudad (la versión 1966 del Colón fue la última) y por lo tanto el emprendimiento de Casa de la Opera en el escenario del Avenida puede considerarse un mérito y un logro a la vez.
MENSAJE ORQUESTAL
Contó con la presencia del director Giorgio Paganini, que logró extraer de la orquesta el mensaje rossiniano, con "tempi" medidos y precisos, y tuvo el buen rendimiento del coro preparado por Juan Casasbellas, en una partitura que Rossini le destinó abundante intervención, tanto en concertantes, escenas de conjunto o el emotivo y admirable coro final.
La versión contó en el escenario con un protagonista sobrio y de innegable eficacia vocal en el barítono Leonardo López Linares, con una siempre persuasiva Adelaida Negri, que en el aria "Selva opaca..." explayó un canto musical y de efectos en "pianissimo" de innegable nobleza emisiva. Asimismo, la destacada soprano fue manejándose en una tesitura que dio realce también a los acentos expresivos del personaje de Matilde.
También el tenor Eduardo Ayas cumplió una labor lucida, con sólida y musical intervención en los "duetti" y un festejado "O muto asil del pianto" y la "caballetta" "Corrian...", que desencadenó una de las mayores ovaciones de la noche. Su timbre y volumen se perfilaron con auténtico "squillo" y mostró su segura musicalidad.
BUEN EQUIPO
Los integrantes de los papeles menores tuvieron un trabajo encomiable, pudiéndose citar a Silvia Gatti y Alicia Alduncin, Alejandro Schijman, Víctor Castells, Carlos Natale y Juan Carlos Labourdette, Claudio Rotella y Gustavo Torella, para conformar un elenco homogéneo y de efectivo rendimiento.
Fue también encomiable el trabajo de Eduardo Casullo para una puesta dificultosa, con movimientos de masas y personajes y proyecciones sobre el fondo de escena que en algunos cuadros más que en otros lograron efectos plásticos de interés. En ese marco, el vestuario de Mariela Daga estuvo cuidado y la coreografía un tanto simplista de Luciana Prato tuvo una interpretación entusiasta en el núcleo de bailarines. En suma, un noble y logrado esfuerzo para reponer una importante ópera, como es este "canto del cisne" -valga la metáfora- del Cisne de Pesaro.
Néstor Echevarría